martes, 8 de diciembre de 2009

Mas sobre la reunión de Argonautas, del 6 de diciembre


Subir escaleras, y arrojar desde arriba,
avioncitos de papel.
Llegar hasta vos, hasta el fondo del calidoscopio.
Memoria de mariposas,
tan frágil llego hasta el límite,
no me atrevo a cruzar.
Viajero del tiempo, de mi cuerpo, de la noche.
En la oscuridad, busco tu voz de serpentina.
Giro y giro siempre en el mismo lugar.
La nave se me antoja inmensa si no estás.
El paisaje se torna desértico,
y a veces, una flor roja
se distingue a lo lejos.
Saldré a la noche, cruzaré el umbral de la memoria,
cientos de bicicletas transitan el aire,
y las veo pasar.
Te busco
en aviones invisibles busco tu regreso.
Las estrellas hablan de puertas que hay que abrir.
Te extraño
y me pregunto cuál es el instante de la explosión,
dónde se encuentra la magia.


Ema



lunes, 7 de diciembre de 2009

Reunión del 6 de diciembre- "Atravesando el umbral"

Lobo busca inspiración y la encuentra en su mágico mundo interior
Pluma sabia de Driante, aconseja

Todos... abrazo y ronda de luz
Aril, la tinta, el papel... un umbral que se abre
Ema cruza y vuelve con una sonrisa...

El umbral resvistido de estímulos en busca de la convergencia




viernes, 4 de diciembre de 2009

El umbral

"Cantidad mínima de señal que ha de estar presente para ser registrada por un sistema
la mínima cantidad
base de la exploración psicofísica de las sensibilidades
punto en que un estímulo ocasiona una transmisión de un impulso nervioso
que tiene probabilidades de ser detectado
El estímulo debe alcanzar cierta velocidad para ocasionar el umbral o en otras palabras,
una mínima reacción,
si la velocidad no es alcanzada, no se efectúa el impulso nervioso.
Esta última explicación se conoce como la ley del todo o nada."

¿Qué cosas se tienen que dar en el momento exacto para que algo suceda?-
Es la pregunta lanzada por Ema, -¿Es el umbral un punto de fusión donde se producen los encuentros al azar, las decisiones más profundas? Es culminación o principio, lo mínimo o lo más inmenso inimaginable...

jueves, 19 de noviembre de 2009

La estación de los jacarandaes

Sabe Aril que la estación de los jacarandaes vestidos de cielo
es el tiempo para esclarecer los vestigios de luna,
los que han quedado atrapados en el polvo que cubre las huellas
abandonadas al desparrame del viento y los caminos,
que se mueven como locos,
huyéndole a los carteles y los cordones de las veredas.
Intuye, tal como le enseñaron los duendes de los cuencos,
que nuevos designios pasarán taimadamente por la noche,
tratando de evadirse de las hadas y otros magos como ella
colgados de la cola de algún cometa.
Otras veces escuchó su risa socarrona desde su ventana
cuando ya era demasiado tarde.
Esta vez se propuso estar más atenta.
Apenas se hizo perceptible el estallido verde de los brotes,
se descubrió de la sombra de su roble amado
y bajo el mandala de la noche celeste, alzó su cabeza y comenzó a mirar.

No demoró mucho en hallar una respuesta.
Los brotes suelen susurrar secretos cuando estallan en primavera,
necesitan ponerlos en el oído de alguien
para desandarse de los sueños del invierno
y cubrir de colores el equinoccio.
Así fue que una vocecita ondulante le golpeó el hombro
y ella se dio vuelta justo cuando una estrella con destellos naranjas
le guiñó el ojo.
Risitas pequeñas como alitas de abeja
se escurrían entre las hebras de la crines del cometa,
lejos estaban ya, antes que pudiera escuchar más.
Permaneció mirando la estrella por un rato.
La vio descender hacia el sur,
coqueta miraba su reflejo frutado en los pétalos del malvón blanco,
el que bullía aromas en el alféizar de la ventana de Ema.
Sin titubeos, Aril montó una de sus nubes de plata,
veloz sobrevoló el bosque y la calle de los paraísos.
Ema, en la terraza sentada,
una pierna hamacándose y esporas deslizándose por sus pestañas,
acariciando sus pupilas violetas.
-Es hora de sacar los cuadernos, Ema- instó el hada
Y así lo hizo…

Mientras tomaban los primeros (o los últimos) matecitos nocturnos,
el cometa las envolvió de luces anilladas.
Le pareció distinguir entre las risitas algo familiares ya,
el aleteo de la mariposa reina y una voz de gorrión
despidiéndose de la terraza y los trazos amarillentos
de los cuadernos dormidos de Ema.



Aril

martes, 21 de julio de 2009

Los mares y las nubes




La amistad tiene sus ritos, el tiempo la arbitrariedad para depositar mojones que señalen los momentos justos donde habrán de emerger los recuerdos y aunarse las manos en ronda. Todas las auras resplandecen para conformar un arco iris, se complementan, danzando, recorren curvas y surcan playas y mesetas, se deslizan suavemente como dirigidas por el sonido del viento y la caricia del mar. Todos los ojos beben del mismo cáliz, copulan bajo la luz del poniente las miradas y las risas ejecutan una música que el mundo reconoce, que late en sus entrañas, en el núcleo antiguo de los tiempos.
Respira Aril, respira… el Este le trae agujetas de sol para enlazar destinos.
Respira y llena su pecho de aire de jardines y verde de eucaliptos.
Ávida inhala el suelo, el agua y el fuego y cierra los ojos para retener cerca de su corazón la palabra que le envían los designios, el susurro de seres celestes que vibran lejanos. Expande su cuerpo de luz convidado de sombras, lo expande como un mar. Quiere ser grano de sal en la matriz de un mundo sin distingos, quiere ser un manto que albergue a todos los perdidos.
Desconocen sus amigos que cuando viene a su encuentro ella es barco de papel a la espera de una ola que comande su destino, que la empuje lejos, hacia donde el amor sea más profundo y los peces la cortejen. Desconocen que su cuerpo vibra como barrilete que quiere ser remontado, bien alto, hasta donde la atmósfera se enfríe, pero sostenido firme al final del cordel por una mano gentil que sepa contenerla cuando lleguen las noches y bramen las tormentas.
Es por eso que ha respondido el llamado de los Argonautas. Para surcar mares de palabras y dejarse salpicar por los sueños.
Si ellos se lo permiten, viajará siempre cerca. A veces sentada a babor, tiñendo los dedos de sus pies en el color de las aguas. Otras, montada en una de sus nubes mágicas, la de color índigo y luz plateada, siempre unida a la proa del Lucero con la fuerza de su alma.




Aril

domingo, 7 de junio de 2009

Ema y la oscuridad


El Lucero navega por territorios desconocidos, y sus tripulantes, parece que tuvieran los ojos vendados, porque nadie atisba a deducir la posición de la nave, exactamente. Sólo tienen una vaga idea de que están sobre un desierto, y la sed acucia, sin remedio.

Ema sabe que ha de brillar, tanto como la noche, como la luna que presiente posada sobre los cerezos, pero ahora, la soledad tiene ojos profundos, porque un hombre de tierra, pura candela y tierra en sus caricias, le dejó una tristeza de lluvia sobre sus hombros, y se fue a buscar la fantasía que todos los hombres buscan, la del corazón hambriento, la del cuerpo muerto de sed, saciado en un lecho de agua, una mujer de agua, para un hombre de tierra. Ema observa la noche desde su bitácora, cuenta estrellas, y de sus senos, se desprenden mariposas.

Volverá a brillar, porque la oscuridad es un reto, una esperanza, y está a punto de explotar en mil partículas, para acabar con la pena.