domingo, 28 de diciembre de 2008

Rumbo a los reinos de Aril, al final del año bisiesto


El Lucero aguarda una vez mas en Los Puertos de la Esperanza, a que sus tripulantes vuelvan a abordarlo. Es el final de un año bisiesto, el Chamán nos ha contado la historia de los brujos que van al río místico a dejar sus lágrimas como ofrenda a la naturaleza, allí los muertos también acuden cuando quieren revelarnos sus misterios. Vamos hacia los reinos de Aril, buscaremos a Mid huel, para traspasar el umbral. Pero navegaremos el río. Los seguidores de la travesía, a través de estas cartas de navegación, se preguntarán por qué no por tierra, y la respuesta es: porque el oráculo del destino quiere que naveguemos el río de la luz, nos ha impuesto "La misión de la memoria", y habremos de llevarla a cabo, porque debemos encontrarnos con nuestros sucesos pasados, nuestros recuerdos. El Chamán y yo abordamos un bote desde el sur, y Driante lo hizo desde el norte. La sacerdotisa predijo que las condiciones del tiempo eran óptimas para adentrarnos en el bosque, sólo había que seguir las nubes mágicas de Aril, que marcarían el rumbo. La Maga de las Estrellas se apoderó de nuestro corazón apenas comenzado el viaje, lo supimos por la fragancia de maderas perfumadas que invadió nuestros sentidos, y por el color lila intenso que tomaban las aguas. Vimos en las orillas el momento de la despedida, vimos su sonrisa de reina, noble, bella. Nuestros ojos no pudieron abarcar tanta tristeza y las lágrimas acudieron a nuestras mejillas. Con ellas formamos un lazo, con el que rodeamos las colas de los lagartos de la orilla. Ellos nos guiaron en fila hacia un rompecabezas de nombres y rostros tendidos en un claro. Driante dispuso que lo mejor era amarrar todo ese mejunje con una red de pescadores y abandonar el lugar. "Aquí es donde lloran los brujos"- dijo Lobo Gris, señalando un remolino celeste. Nos sobre volaban pájaros en cuyas alas traían los sueños de cada uno, los realizados y los no realizados, el amor, la tristeza, la descendencia, la soledad. Aceptamos todo bajando la mirada. Llenamos los botes con la abundante carga. Los cometas que surcaban el cielo turquesa anunciaban que estábamos cerca del umbral, Aril espera en su reino, arroja esporas mágicas por las ventanas de su palacio.

Iremos a su morada a despedir este año bisiesto, a brindar con brebajes de manzana por la comunión de nuestras almas, Ya conocemos nuestro pasado, ya sabemos que este río, habremos de llevarlo en el corazón, por siempre.


Ema***


1 comentario:

Daniela Tivolesi dijo...

No sin llanto, sin una dulce pena, me baño en el río y salgo, me seco con el sol. Ahora mi piel queda embebida en sus colores, sus aromas, ahora ya soy yo lista para zarpar... Hermoso relato, Ema. Hermosas metáforas para relatar este momento.
Feliz año nuevo***
Te quiero mucho***